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Niños y confinamiento. La cara olvidada de la realidad.
Se veía venir. Eso dicen ahora. Y puede que sea cierto, o puede que no. En cualquier caso esta situación nos ha pillado a todos desprevenidos. A gobiernos, organizaciones, empresas y también a todos los demás.
Las familias se han visto metidas de lleno en una situación que deben manejar de la mejor manera que sepan, con teletrabajos o desplazamientos obligatorios al lugar de trabajo, niños en casa sin colegio pero con un montón de tareas, situaciones familiares complicadas y mucho más. Todo ello bajo la cruel mirada de la enfermedad. La sociedad se ha visto desbordada por el desmoronamiento de una estabilidad que parecíamos dar por segura.
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¡Qué bonito! Me lo llevo. Esa manía adulta de quitarles las cosas a los niños.
Los adultos tenemos un sentido del humor ultra desarrollado, nos encanta hacer bromas y reírnos. Resumiendo: que somos la leche. O eso es lo que nos creemos. De ahí que parezcamos haber desarrollado una especial predilección por reírnos de quitarles cosas a los niños.
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¿Qué nos ocurre cuando nos relacionamos habitualmente con niños?
¿Qué le ocurre a un adulto cuando se relaciona a diario con niños? ¿Cuáles son las consecuencias de que gran parte de tu tiempo esté dedicado a criar, cuidar o educar a niños? Esto es lo que me preguntaba yo hace unos días cuando hablaba sobre mi profesión con amigos. La conclusión a la que llegué fue clara: tratar con niños te convierte en una persona mejor.
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¿Y si cambiamos el ideal romántico por la felicidad?
Las películas -y series, canciones o directamente conversaciones a mi alrededor- de mi infancia estaban llenas de príncipes salvadores y princesas indefensas, de besos de amor verdadero que lo curaban todo e, incluso, de escenas que vistas hoy en día se muestran como clara expresión de violencia de género. ¿Por qué la vida de las mujeres que han pasado los treinta está plagada de este tipo de referentes tóxicos?
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¿Verano y vacaciones con niños?
Las vacaciones escolares son uno de los momentos más temidos por muchas familias. Es comprensible; los niños tienen más de dos meses de vacaciones y los padres sólo un mes repartido a lo largo de todo el año.
Con esta situación, la perspectiva de unos meses por delante en los que los niños no tengan colegio puede ser realmente estresante. Porque el ritmo de vida de los adultos no entiende de necesidades infantiles. Porque el jefe y el trabajo pendiente no piensan en tardes de piscina ni excursiones al campo. Porque los estrictos horarios del día a día no comprenden que tu hijo se pare a mirar cada piedra que se encuentra en el suelo.