Enseñar aprendiendo

La muñeca y el balón. Los juguetes no tienen género.

Las navidades han llegado a su fin. Ya está, se han terminado los polvorones, los turrones y los villancicos. Como colofón final han dejado a su paso restos de papel de envolver y de cajas de cartón. Muñecas, balones, carritos de la compra, herramientas, legos, tractores, cocinitas y equipos de construcción han sido entregados con sigilo por Sus Majestades mientras los niños dormían el pasado día 6 de enero.

Según el pequeño en el que estéis pensando mientras leéis esto sea un niño o una niña, lo más probable es que os identifiquéis más con un grupo de regalos que con otro. Los Reyes Magos llevan dejando regalos a los niños y niñas muchos años, pero parece que les está costando entender algunas cosas básicas relativas a la infancia y la educación infantil.

Los juguetes no tienen género. No, no lo tienen, por mucho que nosotros, los adultos, nos empeñemos en que así sea. Las muñecas no son para las niñas (por utilizar el estereotipo más clásico en cuanto a regalos) como los balones tampoco lo son para los niños. 

Y es que una idea básica que deberíamos aprender desde ya es que sexo y género no son lo mismo. Puede que el sexo biológico lo determine la naturaleza pero el género es, básicamente, un constructo social

Asociamos imagen exterior, metas, límites y comportamientos que consideramos adecuados a las personas y para ello las separamos en dos categorías: mujeres y hombres. Si esto ya es absurdo y por si fuera poco, extendemos estas categorías hasta que contaminan la etapa vital más pura, la infancia. Y luego nos quejamos de techos de cristal, brechas salariales, desigualdad de la mujer o masculinidades desfasadas.

Las campañas publicitarias de las grandes superficies no nos lo ponen fácil. Aunque hay quienes intentan abogar por la igualdad (y pierden credibilidad al mostrar el enorme esfuerzo que les lleva hacerlo) la mayoría de los publicistas siguen pecando de clichés. ¿Qué quiere una niña buena, educada, normal, para estas navidades? Una muñeca, claro. ¿Y un niño? Pues una pelota, un juego de construcción o una caja de herramientas. Suena antiguo, suena ridículo, suena fuera de sitio, y sin embargo sigue siendo la realidad.

Los juguetes no tienen género como tampoco lo tienen los colores, la ropa, el maquillaje, los empleos, el comportamiento sexual, los roles familiares ni nada de lo que hagamos para vivir y desarrollarnos en sociedad. A todo ello se lo atribuimos nosotros. 

¿Entonces hay que regalar balones a las niñas y muñecas a los niños? No, o sí. A lo mejor es tan sencillo como interesarnos por los gustos del niño o niña y respetarlos. Claro, que debemos ser conscientes de que los gustos también se adquieren, se contaminan y se alteran. Así que toca hacer examen interno para detectar en nosotros esas cosas que no nos gusta admitir que están pero que salen a la luz en las más desafortunadas ocasiones, regalos de Reyes Magos mediante.

Si tras la exploración nos descubrimos participando en un rol de género en el que no nos sentimos cómodos, ser conscientes es el primer paso para cambiarlo; educar sin estereotipos, el siguiente y el objetivo a conseguir.